El tercer mandato de Lula: un veterano liderazgo progresista que capoteó a Trump en un Brasil polarizado

2026-09-25 21:10:29 - MUNDO

La historia del regreso de Luiz Inácio Lula da Silva a la Presidencia de Brasil fue toda una odisea. Se podría establecer el comienzo cuando logró superar la cárcel y la pérdida de varios de sus familiares. Entonces, en pleno Gobierno del ultraderechista Jair Bolsonaro, el antiguo tornero de Pernambuco se mostró en las playas brasileñas, contó que estaba enamorado y adelantó que seguiría con lo mismo que hizo toda su vida: hacer política.

Entre el balance de los mandatos anteriores de Lula y las críticas al jefe de Estado de ultraderecha Bolsonaro por su gestión de la pandemia, el líder del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda) irradió optimismo y encaró un arco de alianzas con el objetivo de desplazar al bolsonarismo del poder.

La misión fue exitosa: Lula alcanzó, en 2022, su tercer triunfo en elecciones presidenciales; pero el camino estaría lleno de obstáculos. La elección fue más ajustada de lo que pronosticaban las encuestas y la extrema derecha se negó a reconocer el resultado. En enero de 2024, una semana después de su investidura, se produjo el asalto al Palacio de Planalto, sede del Ejecutivo, por parte de sus opositores. Finalmente, la situación se logró controlar, pero dio paso a un Brasil partido al medio y signado por la violencia.

Casi cuatro años después, Lula no se baja de la lucha contra el tiempo. A sus 80 años, se muestra vigoroso en reels difundidos a través de sus redes sociales, mientras hace ejercicio e ingresa corriendo hasta los atriles de los actos internacionales. Su lucidez para dar debates filosos y su incansable optimismo se afirman como armas políticas para reforzar una capacidad de liderazgo que nadie más en su espacio pudo conseguir. 

El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva habla durante el Debate General del 81º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas en la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York, Nueva York, EE. UU., el 22 de septiembre.

Así, ha vuelto a ser el candidato del progresismo - tras un mandato en el que se erigió como figura internacional en defensa del multilateralismo - y el principal vehículo para quienes quieren evitar el retorno del bolsonarismo al poder.

La batalla, no obstante, se vuelve a mostrar cruenta: el encarcelamiento del expresidente Jair Bolsonaro no parece detener a un movimiento que encuentra en su hijo Flávio una figura que retiene todo su caudal de 2022.

El resultado de las elecciones del próximo 4 de octubre depende de múltiples factores, pero uno de ellos tiene como responsable exclusivo al hombre más importante del gigante suramericano. Y una de las preguntas que se hacen millones de brasileños para su elección es: ¿qué deja el tercer gobierno de Lula?

Leer tambiénEn pleno choque con Trump, Lula defiende a Brasil en la ONU: "No cabe en el patio trasero de nadie"

Cierto desinterés ciudadano por la elección parece alejar al país de la tensión que se vive en 2022, cuando la violencia planeaba como lenguaje de conversación política. El corolario de aquel proceso llegó el 8 de enero de 2023, una semana después de la investidura presidencial, cuando una multitud de partidarios bolsonaristas ingresó masivamente a los edificios de los tres poderes centrales. 

Desde Brasilia, el periodista y analista político Dario Pignotti reconoce la tendencia a la calma, pero la matiza: "Tampoco se logró una solidez institucional como para considerar que aquellos hechos fueron restañados", afirma en conversación con France 24 en Español.

En su experiencia como cronista de aquel asalto a los poderes públicos de Brasil, Pignotti recuerda que se trata de un intento de golpe "con violencia política y material, en el que además se estaba en la expectativa de asesinar enemigos políticos".

La paridad en los sondeos y la afirmación reiterativa por parte de Flávio Bolsonaro de que una de sus primeras medidas será dejar en libertad y sumar a su padre a su gobierno indican que, para buena parte de la sociedad brasileña, la violencia política no es un tema del pasado. "Se puede decir que estas elecciones son, en rigor, la tercera vuelta de aquellas dos que hubo entre Lula y Jair Bolsonaro", reflexiona el analista. 

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, reacciona en la ceremonia de sanción del proyecto de ley, que establece la estrategia nacional del Complejo Económico-Industrial de Salud este lunes, en el Palacio de Planalto en Brasilia (Brasil).

El Poder Judicial fue el encargado de investigar a los protagonistas y responsables de los hechos violentos. Luego de los juicios y las condenas, aquellas campañas políticas violentas brillan por su ausencia, pero la incertidumbre queda en el rol del actual presidente en ese proceso. 

"Lula históricamente ha sido muy desinteresado en materia de Derechos Humanos", dice Pignotti y recuerda que cuando llegó al gobierno en 2003 "dijo 'lo pasado pisado', aumentó el presupuesto militar, y no comprendió, o no se interesó, en ver lo que estaba pasando en las Fuerzas Armadas. Y lo que estaba pasando se supo en 2018 y después en 2023. Luego lo reproduce en su tercer gobierno, siendo que él era la víctima del último intento de golpe". El contrapunto de esto aparece en Dilma Rousseff, quien crea una comisión de la verdad, aunque no logra el liderazgo de su antecesor. 

Leer tambiénBrasil: cómo la crisis del Tribunal Supremo remece las elecciones a la Presidencia

En los estudios de opinión pública suele aparecer la seguridad en el top de la preocupación ciudadana, principalmente en las capitales de los estados. Pero, estos cuatro años de presidencia de Lula no plantearon esta problemática entre los asuntos centrales, mientras sí se muestra como un tema recurrente en la agenda opositora, que incluso saludó la calificación de organizaciones terroristas por parte de Estados Unidos a los grupos violentos Primer Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV). 

Mientras el marco legal otorga el poder de policía a los gobiernos de los estados, el Poder Ejecutivo cuenta con capacidades reducidas para intervenir en este flagelo. Más allá de la presentación de algunas iniciativas para crear una fuerza especial federal, el resultado parece ser la ausencia de una política concreta por parte de quien ejerce la máxima autoridad del país. 

"Hay una fuerza nacional de seguridad que en realidad está compuesta por policías provinciales cedidos. Es decir, Lula no tiene con qué, sino con el Ejército", explica Pignotti.

Además, suma otra cuestión que viene de la vereda de enfrente: "El bolsonarismo politizó a las policías estatales.

Hoy por hoy, "el brazo armado más incondicional de Bolsonaro no es el Ejército".

En un primer momento, la propuesta del bolsonarismo para que Estados Unidos interviniera en la crisis de seguridad fue el argumento del partido gobernante para acusar a sus opositores de jugar en contra se la soberanía del país, pero esto cambia en los meses siguientes: "con el correr del tiempo, en una sociedad civil y en un electorado bastante distante de lo político y bastante indiferente a lo político, esa fue una argumentación que comenzó a quedar en el vacío y el bolsonarismo retomó el argumento de la seguridad", enfatiza el experto. 

Leer tambiénBrasil vive con miedo: 8 de cada 10 personas temen quedar atrapadas en un tiroteo

En el marco de su tercer mandato, el histórico líder obrero lleva el desempleo a mínimos históricos, reduce la pobreza extrema y consigue una marcada disminución de la desforestación en la Amazonía.

Además, el crecimiento de la economía se ubica en torno al 3,3% y supera las proyecciones de mercado, en una tendencia sostenida. En ese contexto, instala la reducción de la jornada laboral como uno de sus principales impulsos parlamentarios y logra un aumento real del salario mínimo (11%) y privado (8,4%). 

Pero dos frentes parecen empañar estos resultados. El primero de ellos tiene que ver con la mirada que prevalece en la ciudadanía sobre estas medidas: "No es una percepción que esté a flor de piel en la población. Hay muchos valores subjetivizados por una población que ha sido conquistada emocionalmente por las iglesias evangélicas. Y ese dato es electoral y es constitutivo del nuevo ser nacional brasileño", analiza Pignotti. 

El otro frente está relacionado con los teléfonos móviles y Lula lo aborda con toda frontalidad. El mundo de las apuestas deportivas se devora el incremento de los ingresos de las familias y lleva a un elevado porcentaje de la población a niveles inéditos de morosidad. 

"Los investigadores lo llaman 'pandemia de ludopatía'. La gente está jugando de una forma desenfrenada. Entonces, se juegan la plata que reciben por la Bolsa Familia (principal programa de ayuda social)", sostiene el analista. 

Leer también¿Cómo el Gobierno de Brasil busca frenar la fiebre de las apuestas en línea?

El inicio de Lula 3.0 contó con la bendición de la entonces Administración demócrata en la Casa Blanca. Un rápido reconocimiento de los resultados electorales por parte del Gobierno de Joe Biden  (2021 - 2025) le ayudó a sortear la desestabilización bolsonarista y le otorgó fortaleza para afrontar los mencionados sucesos del 8 de enero de 2023.

El analista consultado caracteriza la política exterior del jefe de Estado brasileño como un "multilateralismo disidente de Washington, fundamentalmente disidente del trumpismo, porque Lula fue un buen aliado de Joe Biden, porque además Biden fue un buen aliado de Lula en el intento de golpe".

En su discurso de asunción pareció apostar por liderar la región, con menciones al Mercosur y la menoscabada Unasur, pero el triunfo del ultraderechista Javier Milei en Argentina complico eseobjetivo.

Luego, Lula trató de ser garante de una reconciliación venezolana en las elecciones de 2024 con el envío de su alfil diplomático histórico, Celso Amorim, a Caracas, pero las denuncias de fraude y las actas electorales nunca presentadas por el oficialismo para dar soporte al triunfo de Nicolás Maduro empañaron la misión.

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, da su discurso ante la Asamblea General de la ONU, el 22 de septiembre de 2026 en Nueva York

Con el triunfo de Donald Trump en las presidenciales estadounidenses de 2024, el panorama exterior experimentó un salto cualitativo.

El republicano sancionó a Brasil por el procedimiento judicial contra Jair Bolsonaro, luego dejó en clara su intención de ser la potencia hegemónica del continente, con la actualización de la Doctrina Monroe (que se ha popularizado como doctrina Donroe), y finalmente se llevó a Nicolás Maduro de Venezuela, en medio de bombardeos a su capital. 

Con ese panorama y en medio de la propagación de gobiernos vecinos de extrema derecha, la situación no parece sencilla para que el Brasil de Lula lidere una integración regional. De todas maneras, su impulso no se detiene.

Frente a la guerra arancelaria de Trump, el mandatario progresista logró sellar el histórico acuerdo Mercosur - Unión Europea y amplió el volumen del intercambio comercial con los países asiáticos. Incluso, duplicó las compras y ventas con China en comparación con Estados Unidos.

"Lula se presentó como un líder del sur global, pero no antioccidental. Se distingue de Xi Jinping y de Putin", remarca Pignotti.

Leer tambiénEntra en vigor el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur de forma provisional

El periodista repara en un rasgo de la política exterior que se pone en valor también frente a las tormentas externas: "Lo que predomina en la política exterior brasileña es la continuidad. Tanto, que generalmente tiene a Itamaraty (sede de la diplomacia brasileña) como el actor principal".

Y su postura frontal ante Donald Trump le ha dado resonancia dentro y fuera de su país.

En un último spot de campaña, Lula confrontó al mandatario estadounidense tras haber apuntado varias veces a la injerencia de Trump en las elecciones brasileñas a favor de los Bolsonaro. "No somos el patio trasero de nadie", insistió en su discurso ante la Asamblea General de la ONU. "Brasil es de los brasileños", remató.

Fuente: france24.com